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Lluites

http://www.cgtcatalunya.cat/spip.php?article12469

conclusiones preliminares sobre lo público/común

Debate preliminar sobre lo público: conclusiones preliminares

Empecemos por el final: se trata de internalizar/municipalizar los servicios públicos para que se desarrollen en gestión pública directa. Es la propuesta, que asumimos, de las plataformas municipales de servicios públicos (especialmente del Ayuntamiento de Barcelona).

Eso implica concienciar, empezando por la propia afiliación del sindicato, sobre el municipalismo y la implicación política que comporta. Pues, naturalmente, el municipalismo, por su cercanía, posibilita la participación y control de la ciudadanía sobre las decisiones colectivas. La democracia efectiva o directa.

Otra noción esencial del servicio público, que tiene una larga trayectoria, es su papel fundamental en la redistribución de los recursos sociales (de la renta, si hablamos en términos de dinero), de forma universal, a toda la población. Lo que implica que debe estar en el centro de cualquier agenda de cambio de las estructuras sociales.

Pues, según una reflexión procedente al menos de Rousseau, sin perder de vista las relaciones entre disposición arquitectónica y estructura socio-política, una cosa es la Urbs (urbe) formada por los edificios y las calles, y otra la ciudad, que constituye la ciudadanía.

Los servicios públicos, pues, están en el centro de la redistribución de la riqueza, lo que sería parte de una sociedad del bienestar, cuyo objetivo último, sería una sociedad del bienestar avanzada.

Pero cuidado con la equivalencia entre bienestar y consumo – crecimiento. Lo que presupone la ecuación imposible entre deseos (que los economistas confunden con ”necesidades”) ilimitados y recursos escasos. De modo que el estado del bienestar sería la suma simple de los estados de individuos egoístas, cada uno de los cuales actuaría de modo aislado, o como mucho en pequeñas unidades “familiares”.

Es, pues, preciso deconstruir estas nociones de un bienestar basado en el individuo egoísta por definición. La clave es sustituir la noción del bienestar por un concepto solidario de las relaciones humanas (¿el buen-ser?). Donde libertad se complementa con responsabilidad por los propios actos, tanto en las relaciones interpersonales inmediatas como en el plano colectivo. P.e. en el consumo de recursos o en el uso/ prestación de servicios públicos…

Por supuesto, la ecuación citada de las doctrinas neoliberal y social-liberal privilegia el sector privado (empresas) sobre lo público. Son las empresas las que crean valor/riqueza, lo público es parasitario. [la nueva Ley de Régimen Jurídico de 2015 se llama del Sector Público, cambio de doctrina, cambio de estructuras]

Se trata de reducir al máximo el sector público. Recortar y pasar al negocio privado lo posible. En lo que no, hacer que el sector público se limite a financiar (régimen de concesión), actuar mediante conciertos público-privados y externalizar al sector privado. Y cuando la gestión directa sea imprescindible, hacerla funcionar como una empresa privada. Es el Estado gerencial que avanza en tanto la opinión pública no se sacuda la ideología neoliberal impuesta por la élite plutocrática/tecno-burocrática.

Hay distintas tradiciones de estado de bienestar en EEUU y Europa, según su situación ideológica y posición en la guerra mundial y la guerra fría. Los primeros construyeron el bienestar a partir de las (grandes) empresas. La segunda del Estado. Pero siempre se excluyó la autogestión y el control social. Lo que ha facilitado la erosión de los servicios públicos según las características respectivas.

La gestión directa – directa evita la entrada del mercado en los servicios públicos. Pues, en cualquier caso la entrada del “mercado” en un servicio público tiene un carácter disolvente. Además, detrás de la dinámica de la economía de mercado aparecen intereses que generan presiones fortísimas para expulsar de la actividad al sector público, y en último término, si el servicio pasa a ser privado, se pierde el saber-hacer y las infraestructuras públicas aptas para prestar el servicio.

Los servicios públicos, si se prestan con la participación e implicación de las personas que los prestan y la ciudadanía, hasta el límite del control popular y la democracia directa, se constituyen como medio inequívoco de redistribución de la riqueza y de solidaridad universal, tanto entre las personas como entre los territorios.

Lo que entendemos por autogestión, en ese sentido, se reconoce en un concepto fuerte. Se trata de desconcentrar el poder que el Estado gerencial intenta acumular en la cúpula. Es el concepto que tiene que ver con la lucha de clases, tanto de los empleados en el sector público como de la clase trabajadora en su conjunto. En ese sentido es una parte de la ofensiva, y no solo de la defensa, en esa lucha que, o desarrolla la clase trabajadora, o, sufrirá por medio de un acoso que la ha puesto contra las cuerdas.

En absoluto se refiere a la gestión de los servicios públicos por entidades privadas, aunque de ellas participen algunos trabajadores, con fórmulas como las fundaciones o las cooperativas. Lo que, como pasó en el caso de las Entidades de Base Asociativa (EBA) de los centres d’atenció primària, en el sector de la salud de Catalunya, puede constituir un simple mecanismo de privatización de lo público.

De este modo la remunicipalización constituye una fuerza de cambio. Los municipios, como administración cercana, constituyen la base. A partir de ella una estructura federal-confederal, agrega unidades. Que cuanto más aseguren las necesidades sociales (con medición individual y colectiva) y más se adapten a las limitaciones ecológicas, más constituyen una fuerza colectiva apta para superar la presión ideológica, organizativa y coercitiva de los poderes hegemónicos.

El poder del dinero, y el régimen social que se constituye a su alrededor, se muestra tan flexible que, en ocasiones, puede presentar hasta una cara amable. Pero, en cuanto es posible, como ahora, se lanza al asalto de las concesiones que las luhas populares han arrancado en momentos más propicios.

En ese sentido el municipalismo (libertario) permite, de verdad, asaltar los cielos. La lucha institucional, en lo que resulta más próximo, deja de ser utópica, más allá de la autodefensa, pues la clase trabajadora como tal y como ciudadanía se mueve en un terreno que conoce bien, sus intereses inmediatos y los de las personas más cercanas

La reducción de la jornada constituye un hito fundamental para conquistar el tiempo necesario para la clase trabajadora en su conjunto (no para un sector concreto) con la finalidad de permitir y hacer efectivas la práctica del control colectivo y la participación de la ciudadanía necesaria en cualquier gestión colectiva.

La solidaridad colectiva organizada diferencia entre Estado (como jerarquía burocrática) / municipio – estructuras democráticas, constituidas federalmente. Frente al poder coercitivo burocrático y al poder privado crematístico, técnico y también de la burocracia de las grandes concentraciones de poder que son las macroempresas, la gestión directa / directa y la autogestión son las herramientas más preciosas.

Firmado: Sesión de debate del GRAS sobre servicios públicos

Lo Estatal y lo Público


Lo estatal y lo público

Félix García Moriyón/ David Seiz Rodrigo
Artículo para Libre Pensamiento. Diciembre 2012

Los fundamentos ideológicos de la crítica al Estado

No cabe la menor duda de que nos encontramos ante una crisis sistémica, no una simple crisis cíclica de las que son habituales en el modo de producción capitalista. En las últimas décadas —podemos decir que desde 1973— se ha estado produciendo un enfrentamiento muy duro para modificar las grandes líneas de la política económica diseñadas después de la II Guerra Mundial. No vamos a repetirnos ahora, pero está claro que los liberales, con Hayek y Von Mises como líderes intelectuales, han lanzado un furibundo ataque a los modelos que ponían en el Estado la responsabilidad de garantizar el bienestar social y económico de los ciudadanos. Desde el primer momento han criticado no solo la versión extrema del estatalismo, la Unión Soviética, sino también la versión socialdemócrata impuesta en Europa gracias al gran pacto social posterior a la II Guerra Mundial.

Sus argumentos son dignos de ser tenidos en consideración y hay dos grandes obras que ofrecen el núcleo de su argumentación: Caminos de servidumbre (Hayek) y La acción humana (Von Mises). Su planteamiento tiene antecedentes y seguidores, por lo que podemos decir que la corriente liberal ha gozado de buena salud casi desde los comienzos de la edad contemporánea. Cuando uno contempla estados fallidos, cuando uno observa lo ocurrido en España y Grecia, con estados clientelares, o analiza las relaciones entre mafia y política, por no hablar de los epígonos del socialismo realmente existente, no deja de ver el punto de razón que existe en esas críticas.

No fueron los liberales los únicos que arremetieron contra le peligroso papel del estatalismo. El pensamiento social de la Iglesia Católica, al que podemos sumar el de otras corrientes cristianas, ha sido siempre muy crítico con la estatalización o el control por el Estado de las resortes de la economía y la justicia social. La teoría se ha centrado en el concepto de subsidiaridad, único papel legítimo del Estado, cuya función es estar al servicio de las personas (no de los individuos) y de las unidades básicas de convivencia social, en especial la familia. Todo ello acompañado de una fuerte moralización de la economía, disciplina teórica y práctica que debe estar regulada por normas morales. Es sugerente la actual variante de la economía del bien común desarrollada por pensadores evangélicos en Austria y con eco en numerosos ambientes. Es la llamada economía del bien común.

Podemos añadir a los anteriores críticos del estatalismo la larga tradición del pensamiento libertario que ha sido igualmente duro con el intento del Estado de controlar la vida de los individuos. Comparte gran parte de las críticas de los liberales decimonónicos y menos las críticas de los neoliberales actuales, tanto ha cambiado el mundo. Sin embargo, su distancia respecto a los mismos es enorme puesto que esta tradición defiende claramente el apoyo mutuo y las colectivizaciones autogestionadas, todas ellas orientadas por un profundo sentido del bien común, proponiendo fórmulas organizativas comunistas o colectivistas. En ese sentido, están más cerca de la tradición cristiana y católica.

La historia de la crítica al Estado es larga y condiciona sin duda lo que ahora ocurre. El ataque neoliberal arrecia y lo hace con inusitada virulencia que va creciendo conforme, según creen sus líderes, se acercan a la victoria final, posición premonitoria de lo que va a ser la suerte de los vencidos. Cuando una vive en Madrid, asiste en primera línea a lo que puede ser defender el neoliberalismo sin fisuras: un deterioro progresivo de los servicios públicos y un crecimiento igualmente progresivo de la presencia de la iniciativa privada en la prestación de dichos servicios que sólo aceptando la versión de Esperanza Aguirre pueden ser considerados servicios públicos. Y para rematar, la presentación de Eurovegas como el gran proyecto de creación de puestos de trabajo para la futura sociedad del conocimiento.

No se puede objetar mucho a la defensa de la libertad que abanderan los neoliberales. Fue uno de los grandes logros del mundo contemporáneo; ahora bien, conviene recordar que “no es liberal todo lo que parece”. La “liberal” manera de privilegiar a un empresario que encontramos en las recientes componendas con el inversor americano que trata de situar Móstoles en el Estado de Nevada, o la torticera manera de entregar el capital “público” de la sanidad en manos de determinadas compañías privadas privilegiadas, nos acerca a modelos más propios de las compañías privilegiadas de comercio de la Edad Moderna que a los modelos de libre concurrencia, igualdad y mérito del teórico liberalismo. La defensa de la libertad termina encubriendo pobremente el ánimo depredador de las élites en el poder.

Por otra parte, esa defensa ha solido ir acompañada de la exaltación del espíritu emprendedor y la meritocracia, ocultando que el mérito tiene mucho más de hereditario que de meritorio, y esa defensa de la excelencia individual como criterio de selección social nos acerca de nuevo a paradigmas de reproducción de las escalas sociales y económicas, cercanos a las estructuras políticas, económicas y sociales del mundo señorial. Con un especial agravante: en la sociedad estamental uno ocupaba una posición social desde su nacimiento y eso estaba justificado por ser el orden natural de las cosas; en la actual sociedad, uno ocupa casi con seguridad la posición social que le corresponde por lo que lo tocó con el nacimiento, y la legitimidad la concede el afirmar que su ascenso social es consecuencia de sus méritos personales. Por otra parte, impuesto ese orden neoliberal, la capacidad de negociación en la permanente lucha por el reconocimiento, tal y como vemos en el día a día sindical por poner un ejemplo, no ofrecen más alternativa que el desarrollo de un modelo cercano a la revuelta campesina: el señor no pacta, concede y en caso extremos los siervos se rebelan, conscientes de que el fracaso de la rebelión les asegura su marginación de por vida, si no la muerte. Duras huelgas, con variadas fórmulas de enfrentamiento y reivindicación son absolutamente ignoradas por los dirigentes, sobrados en su poder y en su capacidad para imponer coactivamente sus políticas.

Del mismo modo, se ha exaltado la libertad individual y la capacidad de elección como último criterio de evaluación de las decisiones privadas y públicas, acompañada por una defensa a ultranza de la vida privada, del hogar como espacio inviolable en el que los individuos pueden disfrutar de sosiego, lejos del omnímodo y arbitrario poder del Rey en su origen y del Estado en la actualidad. Lo malo es que esa defensa valiosa de la privacidad va acompañada de la privatización, de la fragmentación individualista del tejido social. Desde fines de la Edad Media se asiste a una progresiva privatización de los espacios públicos del mundo clásico; la vivienda privada y los usos privativos de los individuos se imponen en las antiguas plantas de las ciudades al callejero, las plazas y los foros. Como ocurre en las ciudades islámicas, los espacios públicos salen de la ciudad (el mercado, como las grandes superficies comerciales, está en las afueras) porque el foro ha sido ocupado por viviendas, las antiguas calles han sido consumidas por las viviendas y los baños son ahora casas de vecinos. La desamortización, ya en plena edad contemporánea, pone cercas y puertas en los campos, acaba con las tierras comunales y deja expedito el camino hacia el desmesurado crecimiento del coto privado, que tiene su última y aberrante manifestación en las recalificaciones de terrenos de los últimas décadas, cuando todo el territorio nacional se considera urbanizable y/o privatizable. Y la privatización alcanza al ejército nacional convertido en ejército mercenario, por lo que no será tan extraño ver a medio plazo que se privaticen igualmente las cárceles, las escuelas o los hospitales. O incluso la justicia y la policía, ya parcialmente privatizada en poderosas empresas de seguridad.

La lucha contra el Estado del bienestar

Neoliberales, cristianos, anarquistas…, son tradiciones muy distintas que se han opuesto al crecimiento del Estado muy controlador y quizá solo secundariamente benefactor. Eso sí, en estos momentos la batuta del ataque la lleva quienes apenas ocultan que el objetivo central es recuperar lo que Marx llamaba la tasa de extracción de plusvalía y también reforzar lo que los anarquistas denunciaron como estructura jerárquica y piramidal del poder. Es decir, recuperar la posición de privilegio ostentada por las élites dominantes durante toda la vida, pero debilitada debido a la dura lucha por el reconocimiento desplegada por los olvidados o condenados de la Tierra desde los años sesenta. Ya en aquellos décadas —quizá demasiado mitificadas por la izquierda “divina”— los centros de estudios asociados al poder plantearon que se estaba produciendo una crisis social causada por el exceso de democracia, lo que ponía en primer plano el problema de la gobernanza y la necesidad de reconducir la situación acallando las demandas de las clases desfavorecidas.

No es fácil hacer una crítica acertada del Estado desde posiciones de izquierda. Está profundamente arraigada en el imaginario colectivo la idea del Estado como árbitro, técnico y objetivo, que ciegamente se organiza a partir de sus burocracias elevadas sobre el mérito y la capacidad, por encima de los intereses de los grupos de poder o los partidos. No en vano, el Estado es el sujeto fundamental de esta percepción de la “cosa pública” y sigue siendo en el imaginario de mucha gente el único garante de la objetividad. Lamentablemente el sueño weberiano del estado burocrático ha devenido en pesadilla; desde sus orígenes, el estado ha servido para certificar con el marchamo del derecho, situaciones de privilegio, repartos de prebendas y canonjías, investido, para más delito, de la idea de mérito, libre concurrencia y otros aparatajes ideológicos. No sólo las cajas de ahorros, también los contratos millonarios de obras públicas, las sospechosas, cuanto menos, relaciones entre la política y el mundo empresarial, desdicen mucho de lo que damos a menudo por supuesto.

Por eso mismo, la lucha en defensa de lo público esta distorsionada en varios sentidos, lo que hace difícil tomar posición en algunos momentos. La primera distorsión procede de la defensa de un modelo de gestión estatal de la propiedad que ha mostrado en la práctica el acierto de las críticas liberales. El caso de las cajas de ahorro es paradigmático, como también lo es el de las recalificaciones de terrenos. Por no hablar de casos abundantes de prevaricación, malversación y cohecho, que se cometen con elevado nivel de impunidad de los políticos y empresarios implicados a partes iguales en los mismos. El estado ha terminado siendo contagiado por prácticas mafiosas clientelares lo que exige una dura operación de cirugía que permita sanear y cauterizar la gangrena. Cierto es que hay estados socialdemócratas que parecen gozar de una buena salud envidiable y que puede seguir siendo referentes, como ya lo fueron en los años sesenta, de la mejor manera de articular el estado del bienestar o estado social de derecho sin poner en cuestión el modo de producción capitalista.

Algo de eso está presente en la aceptación que está teniendo entre el público en general la furibunda y torticera campaña contra los funcionarios orquestada por los líderes neoliberales, lo cual constituye una segunda distorsión. El estatuto del funcionario, cuyo origen se sitúan más bien en la defensa de la independencia y etabilidad de los trabajadores públicos respecto a los poderes políticos cambiantes en democracias representativas, ha derivado en parte hacia un estatuto corporativo en el que la defensa de específicas condiciones laborales se aproxima peligrosamente a la defensa de situaciones de privilegio. Con cierta desmesura en algunas ocasiones, los funcionarios tienden a identificar la defensa de sus condiciones de trabajo con la defensa de lo público, ocultando lo que hay de puramente corporativo en sus luchas y lo que hay de mantenimiento de situaciones de auténtico poder frente a los usuarios de esos servicios públicos que dicen defender. La pura crítica del funcionariado, orquestada por quienes tienen la obligación política de exigir su adecuado cumplimiento del trabajo asignado y de garantizar que están al servicio de los intereses de la ciudadanía no basta. Mucho menos cuando comprobamos que quienes jalean esas críticas luego incrementan el número de asesores nombrados a dedo y ascienden en el escalafón funcionarial a sus propios clientes o afines políticos.

La tercera distorsión procede del dominio cultural impuesto por el actual modelo de capitalismo financiero y consumista. La ideología del «lo veo, lo quiero, lo tengo» ha calado hasta los huesos y la gente busca por encima de todo recuperar la capacidad de consumo a la que se aproximó, sin llegar a disfrutarla del todo pues en gran parte no pasó de un espejismo basado en créditos que no se podían devolver, menos una vez despedidos de sus precarios puestos de trabajo. El individualismo abstracto, tan querido por los liberales, se queda en la exaltación del individuo como consumidor compulsivo que puede acudir a cualquiera de los múltiples centros comerciales a elegir entre decenas de productos idénticos, muchos de ellos con obsolescencia programada y con dudosa capacidad real de satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos.

Aceptado inconscientemente, gracias a potentes campañas de configuración de la opinión pública, ese modelo de logro de la felicidad sustentado en el fetichismo de la mercancía, que termina identificando valor con precio, los individuos se convierten en rehenes de quienes les conceden el crédito para pagar los gastos, abocados a un consumismo parcialmente compulsivo. Sin darse cuenta, aceptan una democratización del consumo que, sin negar los posibles componentes revolucionarios implícitos en ese «festín pantagruélico», en realidad consagra la degradación de los procesos de trabajo, que están condicionados a la elevada productividad de los trabajadores que proveen de mercancía a los comercios “chinos” y a los gestionados por las grandes multinacionales, entre otras y sobre todo las del textil y las de la alimentación. Como no podía ser menos acabamos aceptando que un servicio público es aquel que le sale gratis al ciudadano (feliz definición de Esperanza Aguirre), y para eso se pone la gestión de lo público en manos de la empresa privada, sin darse cuenta de que esta muestra especial eficiencia y eficacia en generar ganancia para sus propietarios y gestores, normalmente a costa de trabajo degradado.

Una cuarta y última distorsión procede de la progresiva erosión de la política del bien común arrasada por la cultura del individualismo radical, de la sociedad articulada como suma de lobos esteparios que regulan las relaciones sociales mediante las leyes del mercado: todo tiene un precio y la acumulación de dinero es lo único que garantiza el estatus social y, por tanto, la satisfacción de las capacidades. Muchos movimientos críticos han aceptado en sus planteamientos esa ideología mercantil, lo que termina teniendo sus consecuencias: la trivialización del matrimonio, con exigencias de permanencia menores que las de muchas compañías de telefonía móvil, y el servicio militar opcional (a sueldo), que se sitúa en las antípodas del ejército popular o de la defensa civil, serían dos ejemplos perfectos de los daños colaterales que lleva aceptar un modelo utilitarista mercantil de la vida social. Ha adquirido un protagonismo cultural desmesurado el ya antiguo dicho de que «tanto tienes, tanto vales».

La defensa de lo público.

Lo anterior ya indica claramente cuál es el discurso y la práctica que necesitamos articular para defender lo público sin mantener un modelo de Estado del bienestar que provoca muchos más perjuicios de lo que algunos son capaces de reconocer. Pero al mismo tiempo tenemos que evitar un peligro que puede derivarse de nuestro planteamiento «crítico» sobre lo público: nuestras críticas fácilmente puede acabar siendo utilizadas como munición para este nuevo «estado señorial» que falsamente se viste de liberalismo. Conviene, por tanto, recuperar lo que tiene de «señorial» el modelo liberal y desmontar su «instalache» o «chiringuito», eso que apenas cubre las apariencias y solo busca el máximo beneficio en el menor tiempo. Es el liberalismo radical primigenio que tan cerca está de los postulados anarquistas, vinculando sin solución de continuidad la libertad a la igualdad y la fraternidad. La trampa del liberalismo contemporáneo es precisamente que obvia estos privilegios y se contenta con establecer el principio de un liberalismo económico lastrado por toda una serie de condiciones desiguales de la que la propia ganancia económica es el único beneficiario. Son moneda corriente la deslocalización, el abuso de las condiciones de explotación de los recursos naturales, mineros o energéticos, la imposición de condiciones comerciales desfavorables, las trampas fiscales que permiten evadir impuestos bajo el amparo de empresas pantalla, tratos de favor impositivos o localizaciones beneficiosas: ahí están los casos paradigmáticos de Apple, Facebook, Amazon y otras empresas tecnológicas o la presencia de paraísos fiscales en el corazón de Europa.

El hilo de la cuestión debe ser defender lo público criticando con firmeza a los neoliberales y los estatalistas, ambos con agendas ocultas que marcan el sentido y la limitación de sus luchas. Y para ello, el núcleo de la cuestión debe ser vincularlo plenamente a la reclamación democrática: buscar mucho más poder para el pueblo, para el común de los ciudadanos que necesitan aprender, ejerciendo, el duro ejercicio de tomar las riendas de sus propias vidas y potenciar al mismo tiempo todo aquello que genera comunidad de intereses y de objetivos, sin agostar la capacidad e expresión y creación individuales. No queremos una sociedad de individualistas depredadores apalancados en un pobre «vive y deja vivir» ni tampoco una sociedad de obedientes ciudadanos agradecidos a burocracias ineptas que les procuran magros beneficios sociales. Queremos un fecundo, pero difícil, equilibro entre la exigencia de libertad personal, igualdad social y apoyo mutuo solidario.

Algo fundamental en esta tarea es profundizar en un sistema de equilibrios que asegure la defensa del individuo frente a los grupos de poder, tanto económicos como políticos y culturales. A los agudos análisis de la capacidad destructiva del poder en el anarquismo clásico, podemos añadir las críticas de Foucault a lo que él llamaba microfísica del poder y biopolítica. Los principios que deben regir esa fragmentación y control del poder están formulados, pero el peso de los poderes sobre las vidas de las personas continúa sin estar corregido. Es más, el Estado benefactor, bajo la promesa de grandes beneficios de bienestar, alimenta la burocratización controladora: nunca antes ha estado la vida de las personas, incluida la vida privada, tan sujeta a mecanismos de control tan sofisticados y potentes como los actuales. Y en general con el libre consentimiento de los propios ciudadanos. Si bien las redes sociales parecen haber abierto algunas puertas a la fragmentación horizontal de determinados mecanismo de control, el riesgo de que acaben sometidas al ojo controlador del Gran Hermano es grande, y la experiencia de lo ocurrido con los medios de comunicación social debiera ponernos sobre aviso de esos riesgos. Entre tanto conviene no perder de vista los mecanismos ya clásicos de control del poder público, algunos muy sugerentes pero poco aplicado como es el caso de la rotación, la rendición de cuentas, la separación de poderes o la transparencia.

Del mismo modo, para defender unos servicios auténticamente públicos, es necesario afrontar el problema de la representatividad. Hoy hay una conciencia muy arraigada, aunque poco articulada, de que nuestros representantes no nos representan, pues han pasado a formar parte de las élites en el poder cuyo único objetivo real es mantener sus posiciones de auténtico privilegio. No sólo parecen conflictivas las formas políticas, a menudo tildadas de poco representativas, precisamente por su opacidad a las influencias que los poderes ejercen sobre ellas y a la poca vinculación entre las decisiones políticas y la voluntad de una ciudadanía muy poco rerpesentada. El asunto no es en absoluto nuevo, pues también en las formas de organización política medievales e incluso de la sociedad estamental la representatividad era también un asunto primordial, al que se respondía con otros modelos organizativos. Quizá nuestra democracia parlamentaria, con discutible sistema de recuento del voto, agobiantes lisas cerradas y dinámicas de la tarea política ejercida en las Cortes poco sometida a escrutinio público, tenga un problema serio de representatividad que está necesitado de propuestas alternativas, empezando por puras protestas iniciales como las de rodear las sedes parlamentarias. a menudo consideramos que la sociedad no estaba representada en los órganos políticos del AR y sin embargo no reparamos en que lo que ocurría es que la “representatividad” estaba organizada de otro modo.

Lo anterior nos lleva a un último aspecto fundamental para construir unos servicios públicos. Hace falta romper con el enfoque calcado del mundo empresarial que distingue entre los prestatarios de un servicio (los funcionarios y los gestores, públicos o privados de los mismos) y los usuarios o clientes de los mismos. Sin negar la importancia de una adecuada valoración de los costes económicos de los servicios públicos para saber cuáles se pueden llevar a cabo y cuáles no, hay que aplicar más bien el criterio de que esos servicios tienen un valor, no sólo un precio y que los usuarios no son clientes sino ciudadanos que tienen unos derechos que deben ser atendidos y que deben estar dispuestos a exigir y defender.

Para ese protagonismo activo de los ciudadanos son muy pertinentes las fórmulas autogestionarias de organización porque en ellas se reconoce a todas las partes implicadas el papel de sujetos activos para la definición de los objetivos que deben ser alcanzados y de los medios más adecuados para conseguirlos, así como para la gestión cotidiana de las orientaciones políticas (esto es, relativas a la polis o a la ciudadanía). Eso no consiste en una pura fórmula organizativa, pues al final todo, incluso proyectos políticos muy poco recomendables, puede ser autogestionado. O se puede aceptar la participación efectiva de las personas interesadas sin que eso se traduzca en la práctica en una auténtica participación en la gestión. Basta con ver, por ejemplo, el cansino y al final irrelevante modelo de participación de las familias y los estudiantes en los consejos escolares, fórmula participativa en acelerado proceso de descomposición. Parece evidente que lograr una ley universal puede considerarse un avance en la búsqueda de equilibrios. Sin embargo mientras la ley no sea universal completamente y deje espacios de interpretación a los estados o los subestados (estados federados, municipios, comunidades), seguiremos avanzando en sentido contrario.

Son, sin duda, ideas reguladoras que pueden ayudar a orientar cuál debe ser nuestra defensa de lo público, pero dejan abiertas las formulaciones concretas sobre cómo se deben articular en la práctica. No tan generales como para no darse cuenta de que defendemos algunas medidas que podrían ser exigidas a corto y medio plazo, pero tampoco tan concretas como para convertirlas en organigramas o algoritmos formales y vacíos realmente de contenido. Retomando una mil veces citadas frase de Durruti, la defensa de unos servicios públicos, vinculada a la defensa de una sociedad genuinamente democrática, implica un profundo y renovado modo de vida, pues es en definitiva una manera distinta de ser, no sólo una manera de organizarse. Implica, por tanto, llevar un mundo nuevo en nuestros corazones, algo que la máquina burocrática del estado del bienestar ha deteriorado profundamente y algo que la mucho más poderosa máquina del bloque hegemónico neoliberal dominante no está en absoluto dispuesto a fomentar o recuperar.

Plutócratas y neoliberales_2

Plutócratas y neoliberales: quién marca las cartas del casino económico 1.- G-20, LA REFORMA QUE NO FUE Y LAS QUE SI FUERON…

09-12-2016-Ecología y Sindicalismo 1

1.- Sindicalismo y ecologismo, una pareja no siempre bien avenida

El sindicalismo tiene una doble cara. Por un lado tiene una función democrática clave, como instrumento de participación en las decisiones colectivas de la mayoría social. Pero, por otro, su papel se restringe a reclamar intereses, a menudo limitados a empleo y salarios, en el mejor de los casos. Puesto que, en el peor, se dedican a proporcionar influencia y recursos sociales a la cúspide de sindicatos jerarquizados. Recursos que solo pueden encontrar en las élites plutocráticas, del poder político y de la burocracia estatal, de modo que tienden a identificarse con sus intereses, y a consolidar la hegemonía ideológica de las élites sobre el común.

Y cuando los destrozos ambientales se han evidenciado, el movimiento sindical no ha estado a la altura. Salvo el muy minoritario anarcosindicalismo, por su perspectiva integral que los identifica con los novísimos movimientos sociales.

Sin embargo, actualmente, la CGT en España tiene vocación de mayoría, pero al mismo tiempo se organiza de modo horizontal y con perspectivas integrales.

Pues, “el ecologismo social, es un tema, en que acción sindical y acción social se complementan.”
http://cgt.org.es/ecologismo-social-y-anarcosindicalismo-0

2.- Anarcosindicalismo y ecología social

Las líneas fundamentales para CGT se encuentran en un documento suscrito por Águeda Ferriz Prieto y Luis González Reyes (afiliado a CGT y a Ecologistas en Acción) en
http://in-formacioncgt.info/formacion/manuales-formacion/08.pdf

El punto de partida es “la exploración de los caminos compartidos entre anarcosindicalismo y ecologismo social (mediante) un análisis que… debe contener no sólo las relaciones entre las personas, sino también con la naturaleza… (para excluir la) regla del máximo beneficio, que supone un ciclo… de crecimiento continuo…” y la guerra como efecto del malestar resultante.

“…Como consecuencia de esa lucha constante… la riqueza se concentra cada vez en menos manos… con unos grupos ganadores y otros perdedores… y algun@s arrasad@s). Esta parte social del esquema es la del sindicalismo.

“En cambio… el ecologismo (se) ocupa prioritariamente (de) la destrucción de la naturaleza… en contra de la vida…. no una crisis ecológica futura, (sino actual) ya sufrimos los síntomas… nuestro consumo de recursos supera su regeneración, así escasean el agua, la madera o el petróleo (y) producimos una contaminación creciente… que, por supuesto, mina nuestra salud… “

En definitiva, “desde el ecologismo social no se hace una defensa sólo de <>, sino prioritariamente de intereses comunes de todos los seres vivos…

Pero “Hay que matizar en el movimiento obrero hay de todo, incluso sectores, como el ecoanarquista, en el que el tamaño de la tarta fue tan importante como el reparto desde el principio. Sectores de los que bebe el movimiento ecologista actual.

“Así, aunque anarcosindicalismo y ecologismo centren su visión prioritariamente en puntos distintos (social y ambiental), al tener una visión global y radical de las causas… terminan teniendo planteamientos fuertemente complementarios e interdependientes.”

3.- Necesidades y satisfactores

El mismo texto sigue diciendo: “Un punto fundamental para entender la relación con el entorno es el de las necesidades y modos de satisfacerlas.

..sobre las necesidades fundamentales parece interesante la aportación de Max Neef (Desarrollo a escala humana, Neef, M., Icaria Barcelona, 1994), quien afirma que en todas las sociedades las necesidades son muy parecidas y pueden agruparse en 9 grupos fundamentales: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, identidad, libertad, ocio, participación y creación. Todas interrelacionadas. Cuando alguna de estas necesidades no se cubre hablamos de pobreza (material, cultural, social, espiritual…). [cuando la carencia supera ciertos límites] podemos llegar a hablar de patología.

Los satisfactores varían entre sociedades y épocas. Ante la necesidad de mantener la temperatura corporal, la calefacción es uno. Ropa de abrigo otro.

“Los satisfactores pueden clasificarse en:

– Violadores o destructores: no satisfacen las necesidades y a corto plazo eliminan la posibilidad de conseguirlo.Ejemplo el armamentismo.

– Pseudo-satisfactores: producen una falsa sensación de satisfacción.

– Inhibidores: al satisfacer (sobresatisfacer incluso) una necesidad obstaculizan otras.

– Singulares: satisfacen una necesidad y no influyen en el resto.

– Sinérgicos: satisfacen varias necesidades a la vez o facilitan la satisfacción de otras necesidades.”

Hoy hay multitud de satisfactores violadores: un centro comercial satisface mi necesidad de ocio…. (pero ) frustra mis necesidades de participación y creación.

“Otro ejemplo: me siento ante el televisor para satisfacer mi necesidad de entender, pero a costa de las necesidades de afecto, libertad, participación y creación… sin considerar que la televisión no me ayuda a entender mejor la realidad.”

“..una línea básica de trabajo parte de preguntar… por nuestras necesidades reales,…

¿necesitamos un coche?…

“Nuestras necesidades materiales pueden verse satisfechas con muchos menos recursos. Las inmateriales, simplemente, no se cubren desde lo material. ¿Cuántas horas semanales dedicamos a la televisión?, ¿y a jugar con nuestr@s hij@s o sobrin@s?, ¿y a conocer a nuestr@s vecin@s?

“Las alternativas sostenibles han de poner cuidado en satisfacer necesidades reales y actuar como satisfactores sinérgicos… ejemplo, el consumo de alimentos en un grupo de (auto) consumo frente al supermercado,… supone:

– Acceso a alimentos de calidad (necesidad de subsistencia); – control sobre criterios, funcionamiento y decisiones (entendimiento); – participación en un grupo social (participación, identidad, afecto); – modelo de producción, distribución y consumo sostenibles (participación y entendimiento); – construcción de una alternativa (creación).”

4.- Ideas y orientaciones prácticas

Según el mismo documento, “Una sociedad sostenible utiliza satisfactores al alcance de la población presente y futura que cubran sus necesidades reales… cierra los ciclos de materia, consume según los ciclos naturales, minimiza el transporte, obtiene la energía del sol, potencia una alta interconexión biológica y humana, no produce compuestos tóxicos para el entorno, acopla nuestra velocidad a la de los sistemas naturales y tomamos el poder de nuestras vidas.” Añadamos otro criterio “el principio de precaución, es decir, no llevar a cabo acciones cuyas consecuencias no son claras.”

Veamos las implicaciones de actuar según los valores de la Naturaleza.

“(1) Cerrar los ciclos de materia. “En la naturaleza la basura no existe,… los residuos de unos seres son el sustento de otros en ciclos cerrados. (Nuestra) producción, en contraposición, es lineal,… del petróleo a… (los) plásticos en el vertedero… hay que cerrar los ciclos mediante el reciclaje. “Esto se traduce en adecuar las sociedades a la capacidad del planeta de asimilar contaminantes y residuos y evitar los tóxicos y materiales no asimilables. “… La naturaleza no se preocupa por su eficiencia, desperdiga miles de semillas para que nazca un árbol, cientos de huevos para decenas de peces, (pero) todo se recicla.

(2) “Eliminar la liberación de xenobióticos. Por una doble vía: se reducen o eliminan la mayoría, y el resto se integra en ciclos cerrados estancos…

(3) “Disminuir drásticamente el consumo en los países del Norte. “… debemos autolimitarnos con un modelo de vida más austero. Una disminución en el Norte que permita cierto aumento en el Sur. “Debemos obtener materias primas y energía del reciclaje… o de fuentes renovables siempre a un ritmo menor al natural de reposición.

(4) “Centrar la producción y el consumo en lo local. “…En la naturaleza el transporte es vertical (intercambio de materia entre reino vegetal, atmósfera y suelo). El transporte horizontal lo realizan los animales, (con) muy poca biomasa respecto a los vegetales (el 99%), a cortas distancias… a largas distancias, como las migraciones animales, es raro en la naturaleza.

“Dice Margalef (La Biosfera entre la termodinámica y el juego, Margalef R, Omega, Barcelona. 1980) que <>… transportamos minerales de las entrañas de la tierra, los procesamos, y acabamos dispersando los productos y residuos,…. acumulamos cemento, acero y asfalto en grandes infraestructuras, ocupando y fraccionando la naturaleza, con lo que los ecosistemas, quedan progresivamente envenenados y aislados, sin que funcionen del modo en que están organizados para hacerlo.

(5) “Basar la obtención de energía en el sol. “El sistema energético debe basarse en manifestaciones de la energía solar (sol, viento, olas, minihidráulica, biomasa…)… fuentes renovables que acompasan su explotación a su regeneración.

(6) “Potenciar una alta diversidad e interconexión biológica y humana. “La vida ha evolucionado, desde el principio hacia mayor diversidad y complejidad. Esto ha permitido alcanzar mayores niveles de conciencia, y también adaptarse a los retos y desafíos… Esto tiene un correlato en el plano social, que es la vida conjunta de muchas personas diversas y muchas redes de intercambio y comunicación.

(7) “Acoplar nuestra “velocidad” a la de los ecosistemas. “Muchos de los problemas ambientales se deben más a la velocidad de los cambios que a estos en sí. Ej., a lo largo de la historia hubo cambios de temperatura más drásticos que los previstos por los gases de efecto invernadero… el problema es que los ecosistemas no pueden soportar sin traumas la velocidad del cambio… es imprescindible… acompasar nuestros ritmos a los del planeta.

(8) “Tomar el poder de nuestras vidas. “…una gestión democrática de manera que nos responsabilicemos a través de la participación social.

“ejemplo: Los municipios deberían tener tamaño medio y organizarse para tener:- …un carácter autosuficiente: materiales cercanos (de huertas dentro de la ciudad,… del río que pasa al lado, etc.), trasiego de materiales y consumo de energía mínimos; – Cerrar los ciclos de materia: el compost iría a las huertas, el agua usada se depuraría y regaría jardines y calles,…;.- producción y consumo locales: con profesiones para cualquier bien básico (atención médica, vestido, educación…); – La planificación urbanística y el tamaño harían práctico el uso de la bicicleta y el transporte público, con la mayoría de lugares accesibles a pie; – … sin acumulación de riqueza/poder.”

5.- ¿ecologismo anarcosindicalista? La inversión de los principales valores

Así, la escala de valores ha de ser invertida en sus aspectos fundamentales, a saber:

Frente a competitividad: Cooperación. Hay mucho “trabajo de hormiguita” por hacer… los adelantos y saberes relevantes se nutren del saber colectivo, de experiencias anteriores y del trabajo conjunto… ser humano, sociedad y ecosistema… interrelacionadas y el todo es mucho más que la suma de la partes. Apoyo mutuo en lugar del individualismo imperante.

Frente a la acumulación:… mantener la vida de forma sostenible en espacio y tiempo, en lugar de crecer. Reparto de la riqueza y solidaridad en lugar de aumentar la desigualdad.

Frente a la velocidad: Lentitud en el ritmo de vida … Cambios graduales a través… de una acción progresiva (de) mucho tiempo (y) muchas pequeñas acciones. Priorizar la gestión de lo importante desde la anticipación, frente a la de las crisis.

Frente a la verticalidad en la organización social: Horizontalidad (menos televisión y más participación, p. e.). Responsabilidad (individual y compartida) sobre vidas y acciones. Desobediencia a las jerarquías.

Frente a lo privado: Lo público, orientado a la satisfacción de necesidades colectivas.

Frente al antropocentrismo: Recordar que el ser humano no es el único que habita el planeta y tiene derechos… forma parte de los sistemas naturales y depende de ellos.

Frente al androcentrismo: Apostar por las mujeres … (y su realización) personal… (y por) los valores femeninos (cuidados, reproducción de la vida)… No dejar que los estereotipos sexuales o la presión social nos limiten como personas.

Frente a la homogeneidad: Diversidad como fuente de riqueza, cultural (y) biológica (y) garantía de seguridad (para los) ecosistemas y las sociedades.

Frente a la supuesta independencia: Interdependencia. Asumir que vivimos de la naturaleza, y necesitamos de l@s demás (ideas, cuidados, afectos…), lo que pasa en cualquier lugar del mundo afecta a los demás (Pensar y actuar local y globalmente).

6.- Teoría ecológica…

Para concluir “… es importante ver toda la potencialidad de las (verdaderas) necesidades, no sólo como carencias, sino como elementos que comprometen, motivan y movilizan… a distintos sectores sociales (para el cambio).

“El cambio se construye dando la vuelta al sistema de valores imperante. Las reformas… abren tiempo o espacios (por ejemplo retrasan el cambio climático) (pero) esta apertura requiere, en muchos casos, la desobediencia civil… “ Y la concienciación, la movilización y la presión social frente al dominio abrumador de los medios de comunicación por la plutocracia y las élites de poder que ésta nuclea.

“El cambio solo será real si implica un cambio personal, pero el cambio personal solo cobra pleno sentido por el cambio colectivo… el fin no justifica los medios, son los medios los que construyen el fin.”

Esta teoría tiene matices decisivos respecto a otras organizaciones y sindicatos. Empero, la principal diferencia está en la práctica.

7.- …y práctica sindical

Dos ejemplos: las centrales nucleares y la gestión del agua.

En la primera, CGT no ha dejado de presionar, con independencia de los “puestos de trabajo”, para garantizar la salud, la seguridad de la población y el medio ambiente. Y no es que “Ante este problema laboral (la seguridad nuclear) el sindicato más beligerante ha sido CGT”, https://www.diagonalperiodico.net/global/es-csn-lobby-pronuclear.html-0

, sino intentar que se extreme la seguridad y acabar con lo nuclear http://arxiu.cgtpv.org/CGT-DENUNCIA-POLITICA-ANTISINDICAL-EN-LA-NUCLEAR-DE-COFRENTES.html

que es, en todo caso, una energía gravemente dañina. Ver. http://www.cgtburgos.org/attachments/260_ficha77_junio2009.pdf

Por su parte en la gestión del agua tenemos el ejemplo de la privatización de la compañía ATLL, por el Govern de la Generalitat de Catalunya, justo antes de las elecciones, lo que permitió ingresar 300 millones de euros, a costa del deterioro del servicio y subidas de precio para los usuarios.

Pues, bien, la denuncia contra los abusos de la sección sindical de CGT ante la Oficina Antifraude dio lugar a que, tras apreciar la institución múltiples irregularidades en la facturación de “trabajos injustificados”, por 13’3 millones de euros, Antifraude concluyera que procedería “iniciar el procedimiento de resolución del contrato por causa imputable a la sociedad concesionaria.” Pero parece que la Generalitat e incluso el Ayuntamiento de los Comuns no acaban de verlo.

“ATLL es la empresa que presta el servicio de abastecimiento de agua “en alta” (desde las cuencas de los ríos hasta los depósitos municipales) a Barcelona y su área metropolitana. Abastece a 4,5 millones de personas… una privatización de 1.000 millones de euros.” Véase http://www.eldiario.es/catalunya/economia/Antifraude-privatizacion-ATLL-Acciona-incumplio_0_482602262.html

Las compañeras de la sección sindical prestaron un servicio inestimable a la sociedad catalana, sin ningún beneficio personal. Prueba de la convicción ecologista que debe formar parte de la columna vertebral del proyecto de la CGT.

Acta 21/11/2016

Acta de la reunió del Grup de supoRt a l’Acció Social (GRAS) Presents: 7 1) S’informa de l’evolució de la reunió de…