conclusiones preliminares sobre lo público/común


Debate preliminar sobre lo público: conclusiones preliminares

Empecemos por el final: se trata de internalizar/municipalizar los servicios públicos para que se desarrollen en gestión pública directa. Es la propuesta, que asumimos, de las plataformas municipales de servicios públicos (especialmente del Ayuntamiento de Barcelona).

Eso implica concienciar, empezando por la propia afiliación del sindicato, sobre el municipalismo y la implicación política que comporta. Pues, naturalmente, el municipalismo, por su cercanía, posibilita la participación y control de la ciudadanía sobre las decisiones colectivas. La democracia efectiva o directa.

Otra noción esencial del servicio público, que tiene una larga trayectoria, es su papel fundamental en la redistribución de los recursos sociales (de la renta, si hablamos en términos de dinero), de forma universal, a toda la población. Lo que implica que debe estar en el centro de cualquier agenda de cambio de las estructuras sociales.

Pues, según una reflexión procedente al menos de Rousseau, sin perder de vista las relaciones entre disposición arquitectónica y estructura socio-política, una cosa es la Urbs (urbe) formada por los edificios y las calles, y otra la ciudad, que constituye la ciudadanía.

Los servicios públicos, pues, están en el centro de la redistribución de la riqueza, lo que sería parte de una sociedad del bienestar, cuyo objetivo último, sería una sociedad del bienestar avanzada.

Pero cuidado con la equivalencia entre bienestar y consumo – crecimiento. Lo que presupone la ecuación imposible entre deseos (que los economistas confunden con ”necesidades”) ilimitados y recursos escasos. De modo que el estado del bienestar sería la suma simple de los estados de individuos egoístas, cada uno de los cuales actuaría de modo aislado, o como mucho en pequeñas unidades “familiares”.

Es, pues, preciso deconstruir estas nociones de un bienestar basado en el individuo egoísta por definición. La clave es sustituir la noción del bienestar por un concepto solidario de las relaciones humanas (¿el buen-ser?). Donde libertad se complementa con responsabilidad por los propios actos, tanto en las relaciones interpersonales inmediatas como en el plano colectivo. P.e. en el consumo de recursos o en el uso/ prestación de servicios públicos…

Por supuesto, la ecuación citada de las doctrinas neoliberal y social-liberal privilegia el sector privado (empresas) sobre lo público. Son las empresas las que crean valor/riqueza, lo público es parasitario. [la nueva Ley de Régimen Jurídico de 2015 se llama del Sector Público, cambio de doctrina, cambio de estructuras]

Se trata de reducir al máximo el sector público. Recortar y pasar al negocio privado lo posible. En lo que no, hacer que el sector público se limite a financiar (régimen de concesión), actuar mediante conciertos público-privados y externalizar al sector privado. Y cuando la gestión directa sea imprescindible, hacerla funcionar como una empresa privada. Es el Estado gerencial que avanza en tanto la opinión pública no se sacuda la ideología neoliberal impuesta por la élite plutocrática/tecno-burocrática.

Hay distintas tradiciones de estado de bienestar en EEUU y Europa, según su situación ideológica y posición en la guerra mundial y la guerra fría. Los primeros construyeron el bienestar a partir de las (grandes) empresas. La segunda del Estado. Pero siempre se excluyó la autogestión y el control social. Lo que ha facilitado la erosión de los servicios públicos según las características respectivas.

La gestión directa – directa evita la entrada del mercado en los servicios públicos. Pues, en cualquier caso la entrada del “mercado” en un servicio público tiene un carácter disolvente. Además, detrás de la dinámica de la economía de mercado aparecen intereses que generan presiones fortísimas para expulsar de la actividad al sector público, y en último término, si el servicio pasa a ser privado, se pierde el saber-hacer y las infraestructuras públicas aptas para prestar el servicio.

Los servicios públicos, si se prestan con la participación e implicación de las personas que los prestan y la ciudadanía, hasta el límite del control popular y la democracia directa, se constituyen como medio inequívoco de redistribución de la riqueza y de solidaridad universal, tanto entre las personas como entre los territorios.

Lo que entendemos por autogestión, en ese sentido, se reconoce en un concepto fuerte. Se trata de desconcentrar el poder que el Estado gerencial intenta acumular en la cúpula. Es el concepto que tiene que ver con la lucha de clases, tanto de los empleados en el sector público como de la clase trabajadora en su conjunto. En ese sentido es una parte de la ofensiva, y no solo de la defensa, en esa lucha que, o desarrolla la clase trabajadora, o, sufrirá por medio de un acoso que la ha puesto contra las cuerdas.

En absoluto se refiere a la gestión de los servicios públicos por entidades privadas, aunque de ellas participen algunos trabajadores, con fórmulas como las fundaciones o las cooperativas. Lo que, como pasó en el caso de las Entidades de Base Asociativa (EBA) de los centres d’atenció primària, en el sector de la salud de Catalunya, puede constituir un simple mecanismo de privatización de lo público.

De este modo la remunicipalización constituye una fuerza de cambio. Los municipios, como administración cercana, constituyen la base. A partir de ella una estructura federal-confederal, agrega unidades. Que cuanto más aseguren las necesidades sociales (con medición individual y colectiva) y más se adapten a las limitaciones ecológicas, más constituyen una fuerza colectiva apta para superar la presión ideológica, organizativa y coercitiva de los poderes hegemónicos.

El poder del dinero, y el régimen social que se constituye a su alrededor, se muestra tan flexible que, en ocasiones, puede presentar hasta una cara amable. Pero, en cuanto es posible, como ahora, se lanza al asalto de las concesiones que las luhas populares han arrancado en momentos más propicios.

En ese sentido el municipalismo (libertario) permite, de verdad, asaltar los cielos. La lucha institucional, en lo que resulta más próximo, deja de ser utópica, más allá de la autodefensa, pues la clase trabajadora como tal y como ciudadanía se mueve en un terreno que conoce bien, sus intereses inmediatos y los de las personas más cercanas

La reducción de la jornada constituye un hito fundamental para conquistar el tiempo necesario para la clase trabajadora en su conjunto (no para un sector concreto) con la finalidad de permitir y hacer efectivas la práctica del control colectivo y la participación de la ciudadanía necesaria en cualquier gestión colectiva.

La solidaridad colectiva organizada diferencia entre Estado (como jerarquía burocrática) / municipio – estructuras democráticas, constituidas federalmente. Frente al poder coercitivo burocrático y al poder privado crematístico, técnico y también de la burocracia de las grandes concentraciones de poder que son las macroempresas, la gestión directa / directa y la autogestión son las herramientas más preciosas.

Firmado: Sesión de debate del GRAS sobre servicios públicos

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