Editorial 05/2017

“La lucha de clases existe, pero es mi clase, la de los ricos, la que lucha, y vamos ganando… “, Warren Buffet (plutócrata con conciencia).

“la elevación de la marea económica eleva sólo los yates” (pero hunde a las míseros botes llenos de agujeros), informe de 2005 del grupo de estrategia de renta variable del Citigroup, a la sazón el mayor grupo financiero, al que, como a todo el sector, contribuimos a rescatar en la última crisis.

Este mes suele estar marcado por la revisión de los proyectos y estrategias de las clases trabajadoras con ocasión del primero de mayo. Y lo cierto es que el balance no es positivo.

Las causas son simples, pero las soluciones no son fáciles. A saber:

1.- Una conciencia de clase inexistente o de muy baja calidad.

2.- Una lucha de un solo bando, que, de seguir así, está perdida de antemano.

Este déficit en la lucha tiene, además de la falta de conciencia, las siguientes causas:

– Que los principales instrumentos de la clase trabajadora, los sindicatos, no luchan. Atados de pies y manos por unas dinámicas que no han investigado, que ni siquiera han visto venir.

– Que la dinámica de las “elecciones sindicales” introduce un mecanismo perverso. Como en la representación política, la persona que delega cree que sus problemas deben solucionarse sin tomarse la molestia de pensar por sí misma ni movilizarse. La electa, separada de sus pares, y sin la fuerza de la movilización social, entra en una azarosa e imprudente relación/negociación con los enemigos de clase.

– Que unas estructuras sindicales que sobreviven de los recursos del Estado y de los plutócratas deben perder por obligación. Es más su única vía para seguir recibiendo los recursos, que tan imperiosamente necesitan, es demostrar su capacidad de controlar los movimientos sociales, especialmente de la clase trabajadora.

No es que los plutócratas (los que disponen de grandes patrimonios personales o familiares y/o los máximos directivos de las grandes empresas) y sus aliados vayan a prescindir de unas estructuras y organizaciones sindicales cuya hegemonía han ayudado a imponer. Es que les exigen más eficiencia. Mejores resultados (más control y disponibilidad de la clase trabajadora) a cambio de menos recursos.

La CGT tiene un papel clave. Como organización sindical debe afrontar las dinámicas que han llevado a las estructuras sindicales a ser instrumentos de domesticación y demolición de los derechos. Como organización de clase, no absorbida por el poder establecido, ha de investigar y experimentar estructuras y dinámicas susceptibles de modificar la relación de fuerzas, y, por ende, de iniciar un camino de progreso hacia la justicia social.

La CGT ha de crear conciencia de clase. Porque este proceso no ha acaecido por casualidad, sino como resultado de la lucha de clases. La plutocracia ha financiado la investigación de las ideas, las ha difundido y ha presionado para introducir los cambios institucionales.

La derrota sufrida, naturalmente, nos afecta duramente como clase y, por consiguiente, cada vez más, en nuestros proyectos personales y familiares. No debemos olvidar esto. Y debemos trasladar esta reflexión a nuestra clase y entorno social.